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ANI DIFRANCO. La pequeña gran mujer cantante

Hace apenas cuatro meses Rubén Darío colgó un texto mío en tribecasessions.blogspot.com sobre la trayectoria y personalidad de uno de los artistas y compositores que más admiro; la norteamericana Ani Difranco. Aprovecho este blog para colgarlo íntegramente de nuevo, para los lectores que paséis por aquí. El post ha quedado relativamente anticuado porque el último trabajo de la pequeña Ani ha salido a la luz el pasado mes de agosto. Sobre el mismo, cabe señalar que es un disco que sigue la sonoridad e intención minimalista y atmosférica de sus últimos trabajos. Quizá es algo más aspero e incómodo por momentos nada cortos de su duración, que quizá, con el tiempo, lo convierta en un disco poco recordable o destacable de su discografía, pero muestra más de su apasionada y mordiente capacidad para provocar sensaciones con canciones.

Algunos dicen que toca acústicas muy grandes. Sin embargo, creo que esa es la sensación que produce el hecho de que sea una mujer pequeña. Además de mujer y poquita cosa también es cantante, músico, compositora, freak, feminista, bisexual, activista comprometida, maniática de peinados… Yo voy a dedicar estas palabras a explicar por qué todo ello la ha convertido en una mujer GRANDE en términos artísticos, aunque he de adelantar y reconocer que parto desde ese placer que a uno le produce hablar de alguien a quien admira de forma tan profunda.

Pocos artistas han caminado por el universo de la música de una forma tan independiente y desprendida de cualquier artificio u obstáculo a la libertad creativa y emotiva como ella. Tras haber fundado su propio sello, Righteous Babe Records en 1990, sus 17 trabajos oficiales han sido editados bajo sus directrices, y también lo hará este mes de agosto su álbum número 18, Reprieve, habiendo renunciado ya a varias ofertas de empresas independientes y multinacionales en momentos diferentes de su carrera.Esta decisión musical a contracorriente, su conocida condición feminista y una más que ambigua vida sexual reflejada en sus textos le han ido asegurando a Ani Difranco un público fiel y emocionado, atraído por esa naturaleza desnuda que emana canciones “porque sí”, “porque esto es todo lo que quiero”. Eso provoca una sensación atípica en sus conciertos, principalmente disfrutados por mujeres que gritan enfervorecidas entre canción y canción, bailan en los temas festivos y callan melancólicas y sentidamente “tocadas” en los temas más intimistas, absortas ante esas “parrafadas” cantadas, habladas o escupidas por esa pequeña mujer de enorme convicción.

Pero por encima de todo, Ani Difranco son canciones, son discos. Nace una Ani, inconformista y minimalista cuyas únicas armas son su voz y su acústica, símbolo y muestra de la originaria música folk americana que corre por sus venas y baña sus primeros trabajos. Su disco más resaltable de dicha época es Imperfectly (1992), en el que con su canción I’m no heroine reniega, al estilo dylaniano, en tono cansado y furioso, de su condición de ídolo o mente guiadora, en este caso de la causa feminista. De ahí pasa a un formato trío en la que, acompañada por Andy Stochansky a la batería y Sara Lee al bajo, luego sustituida por Jason Mercer, da vida a cinco álbumes magníficos: Out of range (1994), Not a pretty girl (1995), el más rockero Dilate (1996), el directo Living in clip (1997) y Little plastic castle (1998), cuya canción del mismo título se convierte en un himno para muchos de sus seguidores. Se aprecia una proyección hacia un folk más abierto azucarado muy levemente por música pop y rock adaptada a su propia naturaleza, a su compromiso con la música de las sensaciones auténticas. Es entonces cuando el tono de sus melodías se oscurece más, su estilo se vuelve ya por completo inetiquetable y sus temas mucho más complicados, ásperos y descorazonadores en Up, up, up, up, up. up (1999), To the Teeth (1999), en el que el jazz llama a su puerta, el mágnifico disco doble Revelling/Reckoning (2001) y Evolve (2003).Es en este momento en el que deshace su banda, ampliada años atrás por saxos y trompetas que vinieron y se fueron y por Julie Wolf a los teclados, compañera de peripecias vitales desde el 98. Parece entonces más triste que nunca, como si después de varios años temiéndolo hubiese sido definitivamente abandonada por ella misma, por su compromiso, por la situación política que la rodea, y eso se refleja de la peor forma en su incómodo y soporífico disco Educated guess (2004), pero de la mejor en su última esperanzadora poesía musical llamada Knuckle Down (2005).

Una lesión de muñeca la ha tenido fuera de los escenarios durante casi un año y en agosto se editará Reprieve. Esperaré con toda mi impaciencia el nuevo regalo de esta pequeña gran mujer cantante.

PD: Además de todo, Ani nos obsequia por encima de sus pechos con el tatuaje más sugerente de la historia del Rock ‘n’ Roll.

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